Nunca... (97) La oferta de Guadalajara

Mi visión de la radio, el ambiente social y político, mi pasión por la música de la que las nuevas decisiones me iban alejando, los dos años y medio de trabajo nocturno y los deseos tanto de Paloma como míos de tener hijos confluyeron en la primavera de aquel 82. Mis caminos por la radio musical los cerraba el nuevo sistema de radiofórmulala y la excesiva comercialidad, mientras que en la antena convencional el camino estaba bloqueado por las grandes estrellas.

Tras la entrevista con Ramoncín, Martín Blanco esperó la ocasión para alejarme del micrófono. Debido a las nuevas concesiones de 120 emisoras que había dado el gobierno de la UCD y que a la Ser le había otorgado entre otras, Guadalajara, Soria y Móstoles, Tomás convenció a Fontán para “quitarse un problema” a la vez que podían “hacerle un favor” a Ramón Varela colocándome en el staff directivo y dándole a Paloma mas presencia en varios programas de la mañana y la tarde.

Como todos los años en primavera la maquinaria del departamento de programas se ponía en marcha para trabajar en la siguiente temporada, y la Ser tenía que mantener su imagen de medio líder y neutral, principalmente viendo la situación de deterioro de UCD, la importante implantación del partido de Fraga, Alianza Popular, el nacimiento del CDS -el nuevo partido de Suárez- y la corriente socialista que de forma imparable recorría el país. Al mismo tiempo, tras la marcha de García, había que destacar el papel de la radio en el Campeonato Mundial de Fútbol que se iba a disputar en nuestro país del 13 de Junio al 11 de Julio.

Ir a Guadalajara

Por todo ello imaginé que la reunión a la que me había convocado Tomás aquella tarde de primeros de Mayo sería una mas de las muchas que manteníamos sobre la programación nocturna y los posibles ajustes para la nueva temporada, pero debo reconocer que cuando empezó a hablar me sorprendió. Me razonó la dificultad del camino en la antena, intentó convencerme de que mi futuro en la radio estaba en el área de la gestión y que en ella se me abría un mundo de grandes posibilidades de cara al futuro.

Realmente nunca me lo habría planteado porque de hecho no me veía alejado de la radio musical, y consideraba que mi paso por la noche no dejaba de ser coyuntural, pero enseguida me hizo ver que esa puerta nunca se volvería a abrir para mi en la antena pero que desde la dirección de emisoras podía hacer mucho también en ese campo. Cuando a Tomás Martín Blanco se le metía una idea en la cabeza, poco a poco el mismo se la iba creyendo, y había pocos directivos con mas capacidad –que yo conociera hasta ese momento- para seducir. “La dirección general y yo creemos que eres la persona mas adecuada para dirigir la nueva emisora que la Ser va a abrir en Guadalajara. Me tranquilizó diciendo que el cambio no se iba a producir de forma inmediata porque se estaba terminando de construir el edificio en el que se instalaría la emisora. Me rogó la máxima discreción presentándome a continuación unas condiciones laborales y económicas tentadoras.

Un vértigo de dimensiones siderales se apoderó de mi y tardé varios días en asimilarlo. Me iba a cambiar todo el mundo profesional y personal de forma rotunda. Cuando se lo conté a Paloma no solo me animó si no que, como hacía habitualmente, empezó a ver los aspectos positivos. Su padre nos tranquilizó y ahondó en las posibilidades que se abrían de cara al futuro, insistiendo en la dificultad de mi carrera en la antena, al margen de que contábamos con todo el apoyo y respaldo de la organización.

En cualquier caso hasta nuevo aviso –y no sería hasta después del verano- seguiría con el programa de la noche y los domingos por la mañana, pero -insistió- como Tomás en que mantuviera un absoluto silencio sobre la nueva situación. Entre primavera y verano se presentaban momentos apasionantes con la llegada de Simon & Garfunkel, The Rolling Stones y el Mundial de Fútbol. Debía disfrutar de lo que tenía ante mi en ese momento y me centré en ello sin querer mirar mas allá de cada instante.

La programación de aquella temporada que finalizaría con el Mundial de Fútbol estaba dirigida por José Joaquín Iriarte en Matinal Ser, Joaquín Prat y Carmina Pérez de Lama presentaban Las mañanas de la Ser, Basilio Rogado dirigía Cita a las cinco, Fermín Bocos se encargaba del Informativo de las ocho, Miguel Ángel Gozalo de Hora 25, Antonio José Alés de su Medianoche y yo De la noche a la mañana. En otoño iban a cambiar presentadores, programas y contenidos.

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Los ángeles de la noche

Desde esa tarde cada noche que iba a la radio me fijaba mas detenidamente en cada imagen, escena o situación. Quería ser consciente de cada momento como si fuera el último. Una de las noches que no pude dejar el coche en el garaje que me arrendaba Villanueva, uno de los miembros del equipo de teletipos, me dieron un golpe en la zona trasera. Cuando fui a recogerlo por la mañana una de las mujeres que había estado "trabajando en la calle" esa noche había tomado nota de la matrícula del causante del golpe y me la había dejado en el parabrisas por si no me veía. Al llegar y ver el destrozo del coche se acercó y me dijo que me veía todas las noches entrar en la radio y que finalmente sabía quien era. 

Me confesó que se había emocionado escuchando alguna de las entrevistas, y principalmente el día que José Luis Perales canto en directo “La noche”. A partir del día del golpe en lugar de ir a Nebraska entraba en el bar de la calle Desengaño, dónde ellas se entonaban las frías noches con un café o un carajillo, y conversábamos un rato.

Siempre me llamó la atención el ambiente de la noche entre las calles Desengaño, Ballesta, Barco, Valverde y la zona de Gran Vía donde se encontraba Telefónica. Había noches en las que la oferta de sexo y los proxenetas se hacían con toda la zona montando chiringuitos y mesas en las que jugaban a las cartas, abrían paletillas de jamón y corría el vino, pero no le prestaba atención o como mucho sentía una lástima condescendiente por ellas, la explotación que vivían y ese ambiente.  

Era duro conocer de cerca la vida de esas mujeres, sus miedos, necesidades y la forma en que eran explotadas. Fui consciente de forma muy especial de su drama pero también de su solidaridad. Desde entonces cada vez que he visto a una de ellas en calles, carreteras o reportajes de televisión, mi mente vuela hacía aquellas noches y recuerdo la canción de Perales Samaritanas del amor. Hoy son otras pero el lugar y el drama sigue siendo el mismo.

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