Nunca... (91) Carlos Cano y Luis Eduardo Aute
“No sé si este post es de 1981 o de 2013… ¿Ha pasado el tiempo? ¿Hemos evolucionado, hacia dónde, o seguimos igual?”

Carlos Cano venía de sufrir la vida del emigrante y la postración de su tierra, ambos aspectos marcan su vida personal y profesional. En 1969 había creado el Manifiesto Canción del Sur junto a Juan de Loxa, Enrique Moratalla y Antonio Mata, y comienza a cantar en la Universidad de Granada. Totalmente reivindicativo desde los orígenes en 1972 entabla relación con Lluis Llach en París y sus deseos de abrir sus poemas y su música al resto del mundo le hace romper con el colectivo Canción del Sur. Su primera época es totalmente política en plena transición reclamando el lugar que le corresponde a Andalucía en la nueva época: ”Ser andaluz es la forma que tengo de ser persona”.
Van pasando los años y publicando nuevos discos, cambia de sello discográfico hasta en tres ocasiones. Al primer LP le siguen A la luz de los cantares, Crónicas Granadinas, De la luna y el sol y en 1981 publica El Gallo de Morón. Cerramos una entrevista con su compañía, pero queda pendiente de su regreso de Irán. Nos encontraríamos en dos ocasiones y ambas fueron peculioares. La primera aquella noche tras su regreso del país que lideraba el Ayatollah Jomeini y la segunda en una edición especial de El Gran Musical en la Plaza Mayor de Guadalajara tras una lluvia torrencial que se detuvo para dejar paso al sol en una cálida mañana de septiembre de 1985.
Jomeini y Carlos Cano
Habían pasado varias semanas tras su regreso pero aún seguía impactado por lo visto en el país árabe. El secretario general del Partido Socialista Andaluz, Alejandro Rojas Marcos había regalado al imán Jomeini el disco Crónicas granadinas. En palabras del propio Carlos Cano aquella noche, y que reiteró en varias ocasiones, el disco se oyó mucho en radio Teherán y aunque no era responsable de la ideología de cada uno que le escuchara reconocía que para la cultura árabe Al Andalus era el paraíso. El mismo cantautor me reconoció que la cultura árabe en su tierra significaba el renacimiento y su desaparición trajo el oscurantismo. El esa misma entrevista aludida se refería a una actuación en Fez (lugar donde murió Boabdil) y alguien le pidió que cantara en árabe a lo que el respondió que no podía porque “hacía 500 años que había perdido el habla”.
El también se trajo la guitarra aquella noche y durante una hora fue desgranando fragmentos de algunas composiciones de sus cuatro primeros discos deteniéndose en el mas reciente El gallo de Morón, finalizando el programa con un medley entre El Salustiano, La murga de los currelantes y Verde, blanca y verde.
Carlos era un hombre que desprendía sinceridad, claridad y sencillez. Era rotundo en sus afirmaciones pero lo hacía con la dulzura y el convencimiento de quien siente un inmenso amor por su tierra, su historia y su cultura.
Repasando estos días mis notas, la documentación existente en diferentes medios y volviendo a escuchar sus discos se puede comprobar que el pensamiento de Carlos Cano está hoy tan vigente como a lo largo de toda su vida hasta aquél lejano 19 de diciembre de 2000 en el que nos dejó.
Aute
Las noches eran mágicas: Perales ofrecía novedades y canciones inéditas que no se publicarían, Carlos Cano ofrecía lo mejor de su mismo reviviendo su experiencia iraní, de su “Graná”, la tierra de Martín Morales que se sentía como un oyente y partícipe mas de la noche, y Aute.

Repasamos sus primeros trabajos para RCA, Diálogos de Rodrigo y Jimena, Rito, 24 canciones breves y Álbum, su llegada a Ariola con Espuma, Babel, Sarcófago, Albanta -donde nos detuvimos para hablar de Al Alba, dedicado a las víctimas de los últimos fusilamientos del franquismo- y De par en par, y su mas reciente etapa con Movieplay, Alma y Fuga, su último disco hasta ese momento.
Repasamos todo el catálogo hasta ese momento deteniéndonos momentáneamente en en la experiencia del Forgesound (Ariola) en la que homenajeando al humorista trabajaron con el Jesús Munárriz, “el Muna”, Rosa y Julia León, Teddy Bautista y Fernando García Morcillo.
¿Han pasado casi 40 años?
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