13 años de JL en el Olimpo

En la madrugada del 28 de Marzo de 2005 Joaquín Luqui Iribarren se hizo inmortal y pasó a vivir en el corazón de todos los que le conocimos, quisimos o amamos. Como homenaje he querido rescatar hoy del blog uno de los momentos vividos con él cuando nació "Los Beatles que amo".

Joaquín Luqui era un dossier de prensa “sui generis”, viviente y parlante. Todos los que le conocimos comprobamos el impresionante “desorden cabal” de su mesa. Hay que imaginar el mayor caos amontonado de papeles, discos, recortes, periódicos, revistas, folletos,... pues eso seria algo normal. El orden desordenado, o viceversa, de Luqui estaba en otro nivel, otra categoría, pero ¡ojo! sabía perfectamente dónde estaba todo –o casi- y si alguien le tocaba un papel, lo notaba inmediatamente… Bueno, eso decía. Un par de veces al año, Revert le amenazaba con bajar a la redacción acompañado de Tomás, pero pronto se inmunizó contra ese virus que le inoculaba el jefe de musicales. Así que Rafa tuvo que pasar a utilizar el nombre de Eugenio Fontán -director general- y contra ese aviso no había “vacuna”. Se ponía las pilas y su habitáculo pasaba a estar inmaculado las horas que duraba "la visita" que no se producía. En esas ocasiones el respondía haciendo una reverencia con la cabeza y prometiendo "lo haré esta noche, my friend", a continuación abría su “agenda” y hacía una llamada… 

Al explicar esta situación se entenderá mejor por qué Joaquín estructuró el libro como lo hizo; la primera parte por orden cronológico de fechas, como si fuera un diario, para a continuación desarrollar su relación con ellos individualmente porque nunca los trató como grupo. A continuación aparecían sus encuentros y canciones, para terminar manifestando su deseo de que nunca volvieran a reunirse, y menos por dinero. Había reunido tal cantidad de material de los chicos de Liverpool que le llevó casi la mitad de 1976 juntar con cierto orden –para la mayoría de los mortales- toda su documentación. Una vez que lo tuvo todo “colocado” se puso a escribir en su Olivetti a una velocidad endiablada sólo con los índices de cada mano. No había necesitado mas que leer sus apuntes y, -únicamente- en alguna ocasión miraba alguna fecha, el resto estaba en su privilegiada memoria o en su agenda de letra minúscula.

Desde los primeros años 60 Joaquín era un apasionado del rock & roll y del pop. Sus primeros amores musicales fueron Paul Anka y Los Shadows, pero cuando irrumpieron Los Beatles con ‘Love me do’ en 1962 fue seducido y conquistado definitivamente. A partir de ese momento empezó a recortar todo lo que se publicaba de ellos, no solo en nuestro país si no también a través de las diferentes revistas musicales de las que fue haciendo acopio. Una vez en Madrid su acceso a las diferentes publicaciones lo hizo todo mas sencillo. Si había alguna novedad los quiosqueros de la Gran Vía le llamaban para avisarle cuando no era él quien se paraba de preguntar. En su piso de Calvo Asensio llegó a tener una habitación repleta con todo lo que no había podido guardar en la radio.

Pero ese afán por la documentación con lo que le apasionaba no se refería únicamente a la música. Así era con todo; cine, teatro, comedia musical, televisión. En resumen Joaquín era un erudito en todas las actividades que tenían que ver con el espectáculo y la cultura en general. Siempre recordaré la expresión de admiración con que le escuchaban los críticos musicales de la época, alguno de ellos ya influyentes gurús musicales. En el viaje de ida y vuelta a Barcelona para ver a Chicago dio una auténtica lección de conocimientos que enmudeció a las más célebres plumas y voces musicales de la época.

Lo que más trabajo le costó fue “ordenar” los 22 capítulos. En este aspecto también tuvieron que sudar Rafa Revert y Tomás Martín Blanco para cumplir los plazos de entrega del original a la imprenta a través de Nuevas Ediciones S. A., la misma editorial que publicaba El Gran Musical, que quería crecer empezando a publicar una serie de libros de música con carácter trimestral. En efecto, los siguientes iban a ser Elvis Presley, The Rolling Stones, e incluso me dijeron que fuera pensando en uno sobre Neil Diamond.

Nunca se me olvidará la tarde en la que el propio Joaquín, nos puso a su amiga Isabel, Angie (la chica con la que yo estaba saliendo entonces y de la que le gustaba su apellido, Carney) y a mi, una vez terminado el libro a ordenar páginas, capítulos y copias del original. Tenía que entregar un juego a Revert, otro a Tomás, uno mas a Basilio Gassent, director de El Gran Musical, a Eugenio Fontán (directo general), Ramón Varela (subdirector general), Pablo Caballero (directo de marketing), Alfonso Morata y Rafael de Benito (directores comerciales y de publicidad) y finalmente tres mas a la imprenta. No había mesas suficientes y tuvimos que alfombrar el suelo de los pasillos de los estudios y despachos con las innumerables copias para, entre las diez de la noche y las 2 de la madrugada tener los juegos acabados, metidos en sobre y dejados en cada uno de los despachos.

Finalmente pudo irse de vacaciones de Navidad a Caparroso para ver a su madre, no sin antes pasar por la peluquería para “cortarse y arreglarse” el pelo porque a la Sra. Luqui no le gustaba que su hijo llevara “esos pelos”, al menos en casa, y él, en eso, como en tantas cosas era obediente. El libro se imprimió finalmente en Gráficas Carlavilla de Guadalajara y se publicó a mediados del año siguiente con un gran apoyo mediático, no solo de la Ser y Los 40 Principales, si no del resto de medios teniendo que acudir a diferentes librerías y centros comerciales de toda España para firmar ejemplares porque además del libro, los fans de Los Beatles querían conocer personalmente a Joaquín Luqui.

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